La ventajosa situación geoestratégica de Ferrol, su proyección Atlántica (hacia Europa y América) y sus naturales condiciones defensivas motivaron que fuera escogida como Capital del Departamento Marítimo del Norte de España en 1726, frente a otros puertos y ciudades gallegas que entonces tenían más importancia política y económica.

Ya desde el siglo XVI la Ría de Ferrol había sido protegida con unas pequeñas fortificaciones por su idoneidad para la invernada y el ocasional carenado de las Armadas de la Casa de Austria. La llegada de la Casa de Borbón, con su visión ilustrada y los grandes hombres que pusieron al frente de sus Secretarías de Estado (Patiño, Campillo y Ensenada) dieron empuje y forma definitiva a la instalación de la nueva base naval junto a la pequeña villa de San Julián de Ferrol, donde se podía construir ex novo y así diseñar y realizar el puerto ideal del academicismo.